Fue un gran día para él. Una vez más decidió hacer de tripas corazón, pero esta vez no fue cuestión de instinto.
El ambiente agridulce camelaba sus sensaciones, le bañaba en aspereza. Los poros de su piel abrían sus puertas al aire sucio a la par que desgarraban. El sudor recorría su frente a sus anchas, y rozaba en las cejas con intento de oprimir malas sensaciones... Quería hacerle partícipe del juego.
Le invitaban a una calada, mientras el rubor de sus ojos deseaba guardar algo para la oscuridad; el pestañeo se ausentaba por momentos. Creyó sumergirse el el fuero interno de la tranquilidad.Los seres de los que se rodeaba pasaban. Uno detrás de otro, de dos en dos, bailaban, jugaban, coqueteaban... Y caían. La sensación le llevó mucho más allá. Risas pausadas, gritos por momentos e imágenes en tres dimensiones. Todo resultaba sencillo desde la lejanía, todo estaba bajo control... Todo, menos su persona.
Allí se encontraba expuesto ante toda mirada. Tirado, piel falta de tono y sin fuerzas para esbozar una medialuna.
Alguien se acerca y le besa.
- ¿Sobrevives?-.
- Valgo mucho más que todo esto, y existo. Hoy soy un superhéroe sin capa: descontrolado, tibio y maldito... Pero sobrevivo-.
En ese instante supo que la noción del tiempo fue culpable de su moribunda estampa. Decayó, dejó de existir.
Sus párpados se tornaron como el Sol cayente, y como persiana en la mañana irrumpida en oscura rutina...
Volvió a ser presa de sus vicios, y vencido el malestar, despertó como de costumbre en aquella camilla... En aquel hospital.

