Es una presión absoluta a la que nos tienen sometidos. Los medios, de los cuales a día de hoy formo parte predicen un futuro cuanto menos demoledor para la gente que aún subsistimos. Aún recuerdo con impaciencia aquellos momentos frente al televisor, a la espera de conocer datos exactos de un 11M que reprimió muchos hogares. Aún recuerdo, cómo sentada en el asiento trasero del Ford Mondeo azul marino nos dirigíamos a la rutina... Recuerdo, que el colapso en la plaza de Atocha daba qué pensar. Una de las imágenes que aún a día de hoy permanecen estancadas en mi más profunda falta de protección (sentimiento que se establece de manera constante en mi degradada existencia), fueron los ojos de aquella pobre desesperada narrando sensaciones más allá de la pantalla de mi televisor.
Su mirada aún incasdencente, se perdía ante la fija mirada del reportero. No eran necesarias palabras para describir su angustia; Se encontraba perdida... O así la pintaban los medios.
Recuerdo, como fueron llegando a mis oídos diferentes nombres. Tu compañera de clase describía entre murmullos apagados cómo había recibido la noticia, de que el nombre de su tía se encontraría en el que sigo considerando, una de las más insensibles edificaciones construidas y uno de los más simbólicos monumentos.