El frío es mi medio de escapatoria. Con él, la actividad es menor. La gente a mi alrededor se cruza de brazos, y tembleques acompañan a la espera del que siempre llega, tarde, pero llega. Cruzada de brazos esperaba que todo fuese mucho más ameno. Poder resguardarme en brazos de alguien significativo. Entre dientes miro por encima de la bufanda de lana, y allí él espera. Vestido desaliñadamente, con el forro polar que tanto me gusta, esperando, tiritando. Ve aparecer mi pequeña figura, como siempre de negro, entre el paisaje cegantemente blanco. Basta que camine dos metros más y como de costumbre en estas épocas, abrirá su resguardo para envolvernos ambos. Dentro de ese forro, nunca existieron tentaciones... Siempre fue un ten con ten, un corto circuito. Siempre adoré que el frío me azote con corrientes gélidas de aire.
Un año más nos vemos las caras... Ya creí que no llegabas.