Tuesday, December 14

Mayor como ninguna.

La pequeña miraba su escultura, como a una bella obra de arte, cuyo nombre no creo poder recordar. Tanto significaba para la pequeña, que al mirar no vio más que el esfuerzo de sus sensibles manos. Gajes del oficio.
Esta pequeña soñaba con soñar, como toda personita de escasa edad. Soñaba con un mundo no complejo, encontrado poco más allá de la risa, y el construir. Construir pequeños castillos de arena, con alguien a tu lado; Alguien con manos limpias, para sanar su piel, frente a los granos de arena. 


Aquella niña no se sentía del todo infeliz. Aquella niña admiró su obra de arte como tal. Esta consistía en una montaña picuda, labrada en el mismísimo estiércol de las tierras de labor. El arte no llega más allá de dónde el Sol amanece cada mañana, despistando el reflejo de la Luna. Aquella niña, jamás podrá construir ilusiones en forma de castillos de arena, pues su mundo se encuentra sintetizado, a ilusiones escritas para otros.

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