Tuesday, January 18

Fumar, muerte de dos.

La muerte me detesta. Me persigue. Su acción depende de mi, de mis dedos, de mi mano a la cual está sujeta. Se sustenta de mi error, del movimiento brusco, que haga fallar a mi subconsciente. Quiere verme desvanecer, que el error, de grave, sea pecado capital, que me hierva la sangre de congelado estar. Dejar de latir, y ser aire. Mientras la muerte dependa de mi acto, y en rutina me encuentre oculto, e inmerso, que las cenizas sean quienes con el paso de los años, cubran mis andares. El pudrirse con el paso de los años, no será signo de caída, sino de gloria. El rosado diario que me alarga unos minutos, compensa el humo, que quiere adelantar mi huida. Huida, porque al fin y al cabo, no hay mal que por bien no venga.


Que tu susurro no baste, para querer que la droga me destruya. Que abrazado a un Rioja, uno duerme tranquilo.

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