Y regresé... A la maldición del cajón sin su ropa; a la perdición de los bares de copas.
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| Mrs. Poulain, Mr. Enseñat |
No pido perdón. Quizá en un primer momento, la mala era yo. Pero todo cambió, en cuanto el reflejo y un espejo viejo me hicieron vudú. Desde entonces saqué pecho, y de estrecho pasillo, mi orgullo quedó en el casino... Gracias al altísimo, que por ello y mi tino, me encuentro cascando nueces con desdén, junto al andén, del metro que vuela. Y sin más reproche, mañana cogeré el coche, y viajaré a mi gran escuela, la tierra que sella y evita avaricias. Galicia.
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