No creía subsistir. La diferencia entre agua salina, creciente en función su corazón se estremecía, y la post-pérdida que provocaba aquella ansiedad inhumana. El aire que inhalaba estaba más intoxicado que nunca. Toxinas comunes entre personas de mediana edad, ya integradas en el mundillo del "miedo a vivir". Tras una serie de circunstancias, y bajo el cielo encapuchado juvenil, deseó haber escrito la historia, párrafo por párrafo. Cayó en el error, y tras esta ruptura recapacitó. Es comprensible, no recordaba ni la mitad de sentimientos que pudo experimentar, que no sentir, pero no fue consciente de ello, hasta que alguien cercano a ella hasta entonces, la sensatez, le abrió los ojos. Boli y papel en mano no hubiesen sido capaces de recoger todo aquello, por muy ligados que estuviesen a su flotar.
Una de sus poderosas manos asomó la yema de los dedos por la ventana, para descubrir que, en efecto, también en la costa alicantina llueve. Quiso arreglar su rostro a base de gotas diminutas, en esta ocasión agua dulce, las cuales el único efecto que tuvieron fue el colaborar en la expansión del rímel abandonado, de la luna anterior. Consideró suficiente remojo, una vez el moño, casi calado, comenzó a desprenderse de su sujeción. La cogió al vuelo, y la ató a su muñeca. Melena rubia, larga extensión. Le dio voluminosidad con un par de sacudidas, a cada cual más seca.
Allí, junto al coletero, se encontraba el motivo de distracción frente a las mañanas lluviosas. Con aquella esclava sentía que nada ni nadie sería capaz de coger el toro por los cuernos. Su presencia, se sentía inmune. Sí, eran una serie de... Impresiones, sentimientos de poderío, que en público le hacían grande, fuerte, hermosa... Una vez se escondía en su habitáculo, y en esta ocasión con los hilos humedecidos, no hacía más que sentir molesta su estrecha muñeca.
Habló para sí: -Sí, necesito una ducha-.
Vaya, me ha gustado in duda.
ReplyDeleteUn abrazo!