Que sensación tan extraña. Él, ejemplo de soberanía, fuerza, tente, resistencia... La persona que siempre había marcado las pautas a seguir en casa, persona que siempre llevaba la palabra, con experiencia y algo más de medio siglo en la espalda. Resultaba se quién siempre habló de esperanza y nunca llegaba al hogar con la cabeza gacha. Él, príncipe del estado de crecimiento, rey de la educación donde los hubiese, sonrisa cálida y esperanzador.
El mismo que siempre llevaba razón, y jamás miraba por encima del hombro... Una sensación amarga en esta ocasión recorrió mi ser, una vez lo pensaba en frío. Resultaba tan indefenso allí, tendido bajo el foco de luz de la humilde habitación del hospital. Sin fuerzas casi para mirar... Él era uno más, en un mundo de in-humanos. Sabía que debajo de toda aquella fragilidad, seguía existiendo el hombre de pelo en pecho, que sabía acariciar el diccionario de tal manera que no resultaba pegajoso. Aquella persona que tenía numerosas oposiciones en su título de subdirector de la consejería de pesca.
Hasta el perro lloraba su ausencia. Una casa ahora desierta. Alma estancada en Serrano, parada de metro República Argentina. Él me quiere, y sé que es una de las cosas que bien recuerda. Mis dos gordis favoritas.
Que recuerdos me ha traído lo de gordis :) vaya que bueno es leerte! Un abrazo!
ReplyDeleteAcabo de leer tu comentario. Muchísimas gracias por pasarte y perder un tiempo de tu vida en leerme, siempre es alentador. Tus textos son geniales, muy emotivos.
ReplyDeleteRespecto a los dibujos, hay algunos que sí y otros que saco de webs. Desgraciadamente, soy una parca con los lápices así que los peores son los de la casa.
Un abrazo, nos leemos.