No era tan rencorosa. Era inaudita. No daba besos por doquier, tampoco por apetencia. Los llevaba contados. Como cupones de cartilla, acumulables, imprescindibles en el día a día. Uno por día; Siete por semana. Día que no recibía, multiplicaba. Era ella, la esencial especie en peligro de extinción. La hermosa tente, resguardo de necesidad. Beso de calma. Proyección de pensamiento. Reflejo de templanza. El tiro por la culata de todo mal, y pensador.
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